La tristeza en Navidad

Llegan días en los que todo parece envolverse en un halo de felicidad, generosidad, ilusión y magia.

Atrás quedan los días en los que parecía respirarse todo lo contrario. Lo cierto es que, para la mayoría de personas, a pesar de haber pasado un año difícil en el trabajo, en el área sentimental o familiar éste mes con la llegada de la Navidad sienten que por fin acaba un año y comienza el siguiente con la esperanza y el propósito de que sea mucho mejor.

 

 

Pero para muchas personas la Navidad es gris, viene envuelta en un sentimiento de tristeza y añoranza. Son fechas dónde todo nuestro alrededor, televisión, publicidad, trabajo, etc. nos incita a recordarnos que es tiempo de pasarlo en familia, y para muchos, lejos de esa felicidad, ese momento  se convierte en las primeras Navidades sin él tras una separación, las primeras Navidades sin mi hijo porque tuvo que salir al extranjero a buscar trabajo, las primeras Navidades sin mi madre, porque marchó hace algunos meses…

 

Ese es un sentimiento que no hay que tender a evitar. La tristeza, al igual que el resto de emociones, nos proporcionan información de nosotros mismos y de nuestro entorno, por lo que, aunque algunas de ellas nos resulten desagradables, no son negativas. Tienen una finalidad, y en este caso es favorecer la introspección hacia nosotros mismos que permitirá hacer un mejor análisis de la situación y superar un duelo que necesariamente se ha de pasar. 

Lo que sí está en nuestra mano es intentar controlar la intensidad y duración de ese malestar. Hay que tener presente una pregunta clara: “¿Qué está en mi mano para poder controlar este malestar y no dejar que me invada?” es decir, saber si esta situación depende de nosotros o no.

 

Si tengo a un familiar que murió hace poco, el hecho de aislarnos va a intensificar la tristeza y los pensamientos de añoranza, pero si buscamos apoyo en los demás y compartimos esos días se hará mucho más llevadero y desviaremos nuestra atención.

Muchas personas sienten que no es apropiado celebrar estas fechas cuando se ha producido una pérdida, experimentando un sentimiento inconsciente de traición hacia la persona difunta. Lejos de ese sentimiento hay que entender que el pasado no se puede cambiar, y somos los únicos y “obligados responsables” de nuestro bienestar presente. Además, seguro que a esa persona que tanto recordamos no le gustaría vernos tristes.

 

Una de las cosas que siempre repito a todas las personas que conozco es la importancia de agradecer; tenemos un millón de cosas por las que dar las gracias todos los días. Una persona a la que admiro muchísimo da las gracias todos los días con cada amanecer, agradece el poder disfrutar de sus hijos, poder compartir momentos inolvidables con ellos y con la gente que como él dice “se comen la vida a besos”; él utiliza cada amanecer para comunicarse con su mujer que marchó hace pocos años, un gesto muy bello y diferente de echar de menos a alguien, porque superar un duelo no equivale a olvido, sino a que te queden recuerdos bellos y especiales con esa persona.

Me despido con una frase que me gusta mucho y que te hace ver cómo algunas veces nos quedamos estáticos ante el dolor y no hacemos nada por salir de él.

“Si tú crees que el sentirte mal o preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad”.

Sandra Sánchez Villegas
Psicóloga y Sexóloga Clínica



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