En la infancia y adolescencia son frecuentes los problemas emocionales y conductuales.

 

Es crucial en estas etapas detectar cualquier problema psicológico para ofrecer a los jóvenes pautas que les ayuden a crecer y desarrollarse de manera saludable y feliz. En este proceso de aprendizaje el entorno familiar y escolar tiene un papel activo, y es necesario el asesoramiento a padres y profesores para acompañar a los menores en su óptimo desarrollo.

 

Nuestra Psicóloga experta en Terapia Infantil y Juvenil aborda los trastornos típicos de estas etapas desde una perspectiva cognitivo-conductual, evaluando e interviniendo en todos aquellos aspectos que pueden interferir en el ajuste emocional y social del niño o adolescente.

ÁREAS DE INTERVENCIÓN

Los comportamientos disruptivos constituyen un problema que aparece con alta frecuencia en la infancia y puede resultar muy perturbador si no se maneja adecuadamente. La característica principal es un patrón recurrente de comportamiento negativista, desafiante, desobediente y hostil, dirigido a las figuras de autoridad.

Las conductas que suelena aparecer son episodios de cólera, discusiones con adultos, desafíos, negación a cumplir demandas o normas, molestia deliberada a otras personas, acusaciones de los propios actos o errores a otras personas, actitudes rencorosas y vengativas, etc. Es necesario corregir este tipo de comportamientos para que no se desarrollen un patrón conductual de agresividad.

Cuando hablamos de conductas agresivas nos referimos a conductas intencionadas que pueden causar daño ya sea físico o psicológico, como por ejemplo burlarse de otros, pegarles, ofenderlos, etc. En el caso de los niños el acto violento puede ser físico, como patadas, pellizcos, golpes, etc., o de tipo verbal como insultos, palabrotas, amenazas, etc. También se puede manifestar la conducta agresiva de forma indirecta agrediendo objetos de la persona que ha sido origen del conflicto.

Hay que tener en cuenta que a los dos años se da el nivel máximo de agresividad y a partir de aquí los niveles se van moderando, hasta que a los cinco años aproximadamente los niños emplean menos este tipo de conductas negativas. A partir de estas edades si no se corrige y  se mantiene en el niño este tipo de patrón conductual agresivo, lo más probable es que en edades más avanzadas desarrollen otro tipo de trastorno conductual más grave.

 

Miedos y fobias

El miedo es una respuesta emocional  que cumple una función adaptativa. Los niños en su desarrollo experimentan miedos muy variados, la mayoría de ellos son pasajeros y propios de una edad determinada. Estos miedos evolutivos son saludables y permiten que aprender a afrontar situaciones difíciles. Pero una pequeña proporción no remiten espontáneamente y perduran en la adolescencia e incluso en la madurez. Es entonces cuando se convierten en un problema porque interfieren en el funcionamiento diario del niño a nivel familiar, escolar y social.

 

La no detección y tratamiento de los miedos no evolutivos pueden originar a lo largo del desarrollo otros tipos de miedo e incluso fobias.

 

Trastornos de Ansiedad

 

Ansiedad generalizada

Es el trastorno de ansiedad más frecuente en la infancia. Se caracteriza por la preocupación excesiva ante un amplio espectro de eventos y actividades que contienen generalmente preocupaciones acerca del rendimiento escolar o académico, el perfeccionismo, el estado de salud propio y el de la familia o amigos íntimos y las relaciones sociales. Entre los síntomas más característicos podemos destacar la impaciencia, la fatiga, la irritabilidad, la tensión muscular, problemas de concentración y problemas de sueño entre otros.

 

Ansiedad por separación

Uno de los temores más consolidados en la infnacia es la ansiedad del niño a separarse de las personas que le cuidan y a las que está afectivamente unido, generalmente los padres.Dicha ansiedad se extingue de forma natural en el curso del desarrollo, sin embargo hay un porcentaje de casos donde persiste porque las separaciones no se repiten con suficiente frecuencia, porque sucede una separación traumática (hospitalización, divorcio, etc.), etc.

Las manifestaciones más frecuentes son el malestar excesivo ante la separación de las principales personas vinculas o ante la separación respecto al hogar, preocupación por la pérdida de los padres o que éstos sufran algún daño, resistencia persistente a ir a la escuela o a estar solo en casa o sin adultos significativos, negativa a ir a dormir sin tener cerca una figura vinculada importante o negativa dormir fuera de casa, pesadillas recurrentes con temática de separación y quejas repetidas de síntomas físicos (cefaleas, dolores abdominales, nauseas o vómitos) cuando ocurre o anticipa la separación.

Se trata de un trastorno de inhibición, atención y autocontrol. Los niños que manifiestan este trastorno presentan un déficit para inhibir su conducta y satisfacer las exigencias y demandas ambientales de su entorno. Son niños que tienen grandes dificultades para mantener la atención y concentrarse en las tareas. Estas limitaciones derivan en dificultades académicas,  problemas de adaptación social y de aprendizaje de normas apropiadas de comportamiento.

Entre los síntomas de desatención encontramos dificultades para mantener la atención en tareas y actividades lúdicas, parecen no escuchar cuando se les habla, extravían objetos necesarios para actividades escolares, se distraen por estímulos irrelevantes, etc.

 

En cuanto a la hiperactividad, tienen dificultades para jugar o dedicarse a situaciones de ocio, actúan como si tuvieran un motor, abandonan el asiento en clase o en otras situaciones donde deberían entar sentados, etc.

Y por último la impulsividad se manifiesta en la dificultad para guardar turno, precipitan respuestas antes de haber completado las preguntas, interrumpen en actividades de otros compañeros, etc.

La depresión infantil se caracteriza por un estado de ánimo irritable y/o disfórico y desmotivación y disminución de la conducta adaptativa. Afecta a nivel personal, familiar, escolar y social y predominan las alteraciones psicofisiológicas y motoras.

Los síntomas principales son las muestras de tristeza, pesimismo, cambios de humor, irritabilidad, hipersensibilidad, negativismo, sentimientos de incapacidad y culpabilidad, deseos de huir, deseos de desaparecer, etc. Entre los síntomas secundarios destaca la conducta agresiva, alteraciones de sueño, cambios en el rendimiento escolar, socialización disminuida, cambio de actitud hacia la escuela, quejas somáticas y pérdida de energía habitual.

La característica esencial del trastorno adaptativo es la aparición de síntomas emocionales o conductuales que producen un malestar mayor de lo esperable en respuesta al estresante, o un deterioro significativo de la actividad escolar o social.

 

Hay que tener en cuenta que a los dos años se da el nivel máximo de agresividad y a partir de aquí los niveles se van moderando, hasta que a los cinco años aproximadamente los niños emplean menos este tipo de conductas negativas. A partir de estas edades si no se corrige y  se mantiene en el niño este tipo de patrón conductual agresivo, lo más probable es que en edades más avanzadas desarrollen otro tipo de trastorno conductual más grave.

El miedo es una respuesta emocional  que cumple una función adaptativa. Los niños en su desarrollo experimentan miedos muy variados, la mayoría de ellos son pasajeros y propios de una edad determinada. Estos miedos evolutivos son saludables y permiten que aprender a afrontar situaciones difíciles. Pero una pequeña proporción no remiten espontáneamente y perduran en la adolescencia e incluso en la madurez. Es entonces cuando se convierten en un problema porque interfieren en el funcionamiento diario del niño a nivel familiar, escolar y social.

 

La no detección y tratamiento de los miedos no evolutivos pueden originar a lo largo del desarrollo otros tipos de miedo e incluso fobias.

Ansiedad generalizada

Es el trastorno de ansiedad más frecuente en la infancia. Se caracteriza por la preocupación excesiva ante un amplio espectro de eventos y actividades que contienen generalmente preocupaciones acerca del rendimiento escolar o académico, el perfeccionismo, el estado de salud propio y el de la familia o amigos íntimos y las relaciones sociales. Entre los síntomas más característicos podemos destacar la impaciencia, la fatiga, la irritabilidad, la tensión muscular, problemas de concentración y problemas de sueño entre otros.

 

Ansiedad por separación

Uno de los temores más consolidados en la infnacia es la ansiedad del niño a separarse de las personas que le cuidan y a las que está afectivamente unido, generalmente los padres.

Dicha ansiedad se extingue de forma natural en el curso del desarrollo, sin embargo hay un porcentaje de casos donde persiste porque las separaciones no se repiten con suficiente frecuencia, porque sucede una separación traumática (hospitalización, divorcio, etc.), etc.

Las manifestaciones más frecuentes son el malestar excesivo ante la separación de las principales personas vinculas o ante la separación respecto al hogar, preocupación por la pérdida de los padres o que éstos sufran algún daño, resistencia persistente a ir a la escuela o a estar solo. El estresante puede ser un acontecimiento simple o deberse a múltiples factores, como por ejemplo fracaso escolar, acoso, divorcio de lo padres, duelo, etc.

La manifestación de este trastorno se da a través de una disminución de rendimiento escolar y con cambios en las relaciones sociales.

Los problemas académicos son una de las principales preocupaciones de los padres hoy en día. Normalmente al principio de la escolarización no aparecen muchas dificultades pero conforme avanzan los cursos, pueden surgir problemas de adaptación al entorno académico y colateralmente al entorno social en el contexto escolar.

Podemos hablar de dos polos opuestos que son motivo de consulta y tratamiento psicológico, por una parte el bajo rendimiento o fracaso escolar y por otra parte la alta capacidad intelectual.

Ambos son igualmente importantes cuando afectan al funcionamiento diario de los jóvenes ya que pueden originar el abandono escolar, si no se les dota de las herramientas emocionales adecuadas para hacer frente al malestar que manifiestan.

EVALUACIÓN Y TRATAMIENTO

La evaluación de los problemas psicológicos es fundamental para un tratamiento posterior de calidad. No existe un tratamiento de éxito sin una adecuada evaluación. Para ello utilizamos instrumentos de evaluación psicológica validados científicamente que nos dan datos objetivos acerca de la problemática y del estado emocional del sujeto.

 

Primera fase: entrevista de evaluación y administración de las pruebas psicométricas (tests, inventarios, cuestionarios, etc.) para recopilar toda la información del caso.

Segunda fase: análisis funcional del caso, devolución de la información a la familia y planteamiento de la terapia psicológica.

Tercera fase: intervención psicológica propiamente dicha.

Cuarta fase: análisis del desarrollo y evolución positiva del sujeto para finalizar con la terapia.

Quinta fase: seguimiento del sujeto.

 

Al trabajar con población infantil y juvenil se hace más necesario si cabe, la colaboración del entorno escolar y familiar, sobre todo con los padres y  personas que se encargan directamente y diariamente de la educación de los niños. Dicho entorno va a formar parte activa durante la intervención psicológica y gran parte del éxito de la terapia se sostiene en la implicación de padres y/o profesores en ella.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR