Tras un verano redondo…

Tras un verano redondo es casi imperativo un otoño un poco más lineal. Sí, un verano redondo, pues se estima que los españoles engordamos de media durante el verano una media de entre 2 y 4 kg de peso.

Si bien es verdad que hay quien adelgaza debido al menor apetito que puede originar el calor, la gran mayoría engordamos debido, sobre todo, a la disminución de la actividad física.

Para corregir esto, nuestra primera tentación es dejar de comer por nuestra cuenta, haciendo, le demos nombre o no, una dieta hipocalórica. Estas dietas, aparte de hacernos pasar hambre, en el mejor de los casos pueden hacernos perder algún kilo de forma rápida, pero no siempre va a reducir nuestros niveles de grasa y, lo que es peor, será muy fácil recuperar el peso también de forma rápida, el conocido efecto rebote.

No seguir una dieta equilibrada y reducir la dosis de alimentos para perder peso sólo llevan a una pérdida de músculo y hueso.

Esto puede provocar una pérdida de peso sí, pero, como hemos dicho ya, no reduce los niveles de grasa. Incluso si se pierde peso, el metabolismo basal disminuye, haciendo que el cuerpo sea más propenso a aumentar su nivel de grasa.

Recuperado el peso, volvemos a hacer una dieta hipocalórica, con la consiguiente pérdida y posterior recuperación, un círculo vicioso cada vez con peores consecuencias.

Estar a dieta y recuperar peso de forma constante provocará un aumento en los niveles de grasa corporal, sobre todo en forma de grasa visceral, grasa, esta última, que más está asociada al aumento de riesgo de padecer enfermedades metabólicas como la hiperlipidemia y la diabetes.

La grasa visceral es la que rodea los órganos internos, y está íntimamente relacionada con los niveles de grasa en sangre. Desempeña un papel importante en el funcionamiento de nuestro cuerpo, como en el almacenamiento de energía o en la protección de dichos órganos internos, por lo que, no todo siempre es malo, si tener mucha grasa corporal es poco saludable, también lo es tener demasiado poca.

La grasa subcutánea es la que se encuentra bajo la piel., especialmente visible aquella que se acumula en torno al abdomen, brazos, caderas y muslos, y es la que más nos molesta cuando nos altera las proporciones del cuerpo. Si bien no es la más relacionada con un mayor riesgo de enfermedades metabólicas, sí parece que puede originar complicaciones como el aumento de la presión coronaria.

El metabolismo basal, la cantidad de energía que gasta nuestro cuerpo en estar vivo, conforma la mayoría de nuestro consumo de energía diario. Un porcentaje menor es energía que se emplea en actividades diarias como un desplazamiento, tareas domésticas o el ejercicio.

Si nuestra dosis de alimentos diaria supera la cantidad de energía necesaria para la realización de estas actividades, la energía adicional se almacenará en forma de grasa.

El ejercicio físico produce un aumento del porcentaje de músculo esquelético de nuestro cuerpo, el que nos permite movernos, y con ello de nuestro metabolismo basal. Es por ello que el ejercicio ayuda a adelgazar, no sólo por el gasto calórico que supone hacerlo sino porque aumenta nuestro metabolismo basal, ayudándonos a gastar más energía aun cuando no estemos en movimiento.

De todo esto se deduce que lo más adecuado para perder peso de forma satisfactoria, sería llevar a cabo una planificación a largo plazo, con una dieta adecuada, y, aunque parezca de Perogrullo, que incluyera ejercicio físico.

Después está el esfuerzo mantenerlo con una buena alimentación y estilo de vida.

 

 

Dra. Montserrat Albarrán
Nº. Col. 30/28/49454



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