Toxina botulinica y felicidad

Toxina botulínica: La felicidad detrás del gesto

¿PUEDE LA TOXINA BOTULÍNICA DARNOS FELICIDAD?

 

Que la cara es el espejo del alma es un dicho indiscutible.

 

Pero, ¿y si el alma también fuese de alguna manera espejo de nuestra expresión facial?

 

Cuando estamos bien nuestra cara delata nuestra felicidad. Pero, mucho más importante, cuando nos sentimos mal pero alguien nos insta a sonreír, ¿a qué nos sentimos mucho mejor?

 

Esto es lo que perseguimos con la toxina botulínica, una expresión facial más relajada y amable, en definitiva, más feliz.

 

A la búsqueda de la felicidad.

 

Las personas que deciden someterse a un tratamiento de medicina estética facial buscan en esencia sentirse mejor consigo mismas.

 

Generalmente desean tener un aspecto más fresco y juvenil que sea acorde con su manera de sentir y ver la vida.

 

Curiosamente, los cambios que va adquiriendo nuestra cara con el envejecimiento son equiparables a los que suceden cuando estamos cansados y tristes, predomina el tono de los músculos depresores de la cara. Y la infiltración de toxina botulínica es una técnica con la que podemos modular el tomo muscular de forma que, relajando la musculatura depresora facial potenciamos de forma reactiva la musculatura elevadora.

 

Quizá por esto la toxina botulínica es la técnica medicoestética más realizada en el mundo entero.

 

Se usa para reducir o eliminar las arrugas de expresión mediante la relajación muscular, lo que hace que, junto a los rellenos, se haya convertido en un punto esencial tanto en la prevención como en el tratamiento del envejecimiento facial.

 

Y cuando la técnica está bien hecha se consiguen resultados naturales, mínimamente detectables incluso para ojos entrenados.

 

Hay que hacerlo bien

 

Pese a eso la toxina botulínica también tiene detractores. Hay personas que piensan que el “Botox”, como popularmente se conoce, produce resultados antinaturales. En nuestra opinión esto solo sucede cuando existe un fallo de la técnica que acaba con resultados demasiado paralizantes o bien expresiones poco naturales.

 

Existen una serie de errores clásicos en la infiltración de la toxina botulínica que hacen que la técnica falle como es por ejemplo aplicar una dosis excesiva o insuficiente, a veces a demanda del propio paciente.

 

Otro error común es la infiltración en músculos cercanos a los que en realidad se busca infiltrar por desconocimiento de la anatomía facial o por falta de hacer un estudio dinámico del patrón de movimiento de cada persona.

 

Pero sin duda uno de los errores más comunes es no combinar la toxina botulínica con otros tratamientos medicoestéticos, pues la combinación prudente de tratamientos es esencial para conseguir la excelencia en los resultados.

 

La modulación de la musculatura facial acompañada de una reposición de volúmenes perdidos con rellenos, recuperación de la elasticidad cutánea con inductores de colágeno, o mejoría del estado de la epidermis con láseres y peelings es, sin duda, la mejor manera de abordar los distintos signos de envejecimiento de forma efectiva y con resultados más naturales.

 

Y, volviendo a nuestra pregunta, ¿puede el botox darnos felicidad?

 

Pues cada vez parece más claro que un gesto amable influye de forma positiva ya no solo en nuestro ánimo sino también en el de quien nos rodea, ya que con nuestros gestos expresamos nuestros sentimientos, y estos gestos influyen en el ánimo de quien nos mira. Tendemos a sonreír más cuando observamos caras felices.

 

Nuestras expresiones dependen de lo que sentimos, pero lo que sentimos también depende de nuestras expresiones.

 

La toxina botulínica por tanto, al modular esta expresión facial sería capaz de hacernos sentir mejor por ese efecto de retroalimentación positiva.

 

En diferentes estudios se ha podido observar que los pacientes que se inyectan toxina botulínica tienen menos tendencia a la depresión y a la ansiedad que los que se somenten a otras técnicas estéticas.

 

Nuestro objetivo como médicos estéticos sacarle al paciente su mejor expresión, su sonrisa, pues está demostrado que una sonrisa es la mejor primera impresión que puede dar una persona, mucho mejor incluso que una buena ropa.

 

Así tenemos que entrenar no solo nuestro sentido de la estética, sino nuestra sensibilidad para detectar el potencial de belleza en cada paciente, y poder hacer que nuestros pacientes se sientan mejor, sean más felices.

 

Por tanto la respuesta a nuestra pregunta sobre si el botox puede darnos la felicidad sería parecida a la que damos cuando se cuestiona lo mismo sobre el dinero: igual no da la felicidad pero, sin duda, puede ayudar mucho.

Dra. Montserrat Albarrán Gómez
Nº. Col. 30/28/49454
Médico Especialista en Ginecología y Obstetricia
Experto en Ginecología Estética Funcional y Regenerativa
Máster en Medicina Estética y Antienvejecimiento

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